Las úlceras por presión son heridas en la piel y el tejido que hay debajo causadas por presión constante en una zona del cuerpo. Esta presión interrumpe el flujo sanguíneo, lo que impide que llegue oxígeno a la piel y los músculos. Sin oxígeno, el tejido muere.
Aparecen con más frecuencia en personas que pasan muchas horas sentadas o tumbadas sin moverse. También se las conoce como escaras o llagas por presión.
¿Dónde suelen aparecer?
Las zonas del cuerpo con más riesgo son aquellas donde el hueso está cerca de la piel. Algunas de las más comunes son:
- Talones
- Caderas
- Sacro (parte baja de la espalda)
- Codos
- Omóplatos
En pacientes con daño neurológico, como los que atendemos en nuestro centro de rehabilitación en Madrid, también pueden aparecer en la parte posterior de la cabeza o en los tobillos.
¿Quiénes tienen más riesgo de sufrir úlceras por presión?
No todas las personas las desarrollan, pero sí existen perfiles con más riesgo:
- Personas con movilidad reducida: Por lesión cerebral, accidente vascular, parálisis cerebral o enfermedades neuromusculares.
- Pacientes encamados o en silla de ruedas: El contacto constante con la superficie aumenta la presión.
- Adultos mayores: La piel es más frágil y delgada, lo que facilita las heridas.
- Niños con daño neurológico: Necesitan vigilancia continua para evitar puntos de presión.
¿Cómo se clasifican las úlceras por presión?
Se dividen en varios grados, según la profundidad de la lesión:
Grado I:
La piel está intacta pero enrojecida. No desaparece al presionar con el dedo. Es la señal de alerta.
Grado II:
Se pierde la capa superficial de la piel. Puede parecer una ampolla o una herida abierta.
Grado III:
Daño más profundo. Afecta al tejido subcutáneo. Puede haber pus y mal olor.
Grado IV:
La herida es profunda y grave. Se ven músculos, hueso o tendones. Hay riesgo de infección severa.
¿Cómo se previenen las úlceras por presión?
La prevención es clave. Evitar la presión constante en las zonas vulnerables es el primer paso.
- Cambios posturales frecuentes: Cada 2 horas si la persona está en cama. Cada 15-30 minutos si está sentada.
- Uso de cojines y colchones especiales: Reducen la presión en puntos clave del cuerpo.
- Higiene diaria: La piel debe mantenerse limpia y seca.
- Buena alimentación e hidratación: La piel bien nutrida se regenera mejor.
- Fisioterapia neurológica: Ayuda a mejorar la movilidad y el control muscular.
¿Qué papel tiene la fisioterapia neurológica en la prevención?
La fisioterapia neurológica es esencial en pacientes con daño en el sistema nervioso. Su objetivo no es solo mejorar el movimiento, también previene complicaciones como las úlceras.
Un fisioterapeuta especializado enseña a los cuidadores y a la persona afectada cómo moverse de forma segura. Además, trabaja la musculatura para reducir la presión continua sobre un mismo punto.
También mejora la circulación y ayuda a mantener activa la sensibilidad, para que el paciente note antes una molestia o dolor.
¿Qué señales indican el inicio de una úlcera por presión?
Detectarla pronto puede evitar que se convierta en una herida profunda. Las señales iniciales son:
- Enrojecimiento persistente: No desaparece al tocar la zona.
- Hinchazón: Puede acompañarse de calor.
- Dolor o escozor: Incluso si no hay herida visible.
- Cambios en la textura de la piel: Más dura, más blanda o decolorada.
Si aparece cualquiera de estas señales, hay que actuar rápido. Cambiar de postura, aliviar la presión y consultar a un profesional.
¿Cómo se tratan las úlceras por presión?
El tratamiento varía según la gravedad. Lo primero es eliminar la causa: la presión. Después se limpian y curan las heridas.
- Grado I: Puede curarse con cambios posturales y cuidados básicos.
- Grado II: Necesita apósitos que protejan la herida y controlen la humedad.
- Grado III y IV: Requieren atención médica. A veces antibióticos o cirugía.
En Alcume, colaboramos con especialistas para ofrecer un enfoque integral. La atención debe ser física, emocional y educativa para los cuidadores.
¿Qué errores comunes empeoran las úlceras?
Evitar estos errores puede marcar la diferencia:
- No mover al paciente con frecuencia.
- Utilizar superficies duras sin protección.
- Ignorar los primeros signos.
- Descuidar la hidratación y la nutrición.
Un pequeño descuido puede empeorar la herida. Por eso es tan importante tener una rutina clara y constante.
¿Cómo puede ayudarte un centro especializado como Alcume?
En Alcume trabajamos con personas con daño neurológico, tanto niños como adultos, que tienen riesgo de desarrollar estas lesiones. Nuestro equipo diseña programas personalizados para mejorar la movilidad, la postura y la autonomía.
El acompañamiento emocional y la formación del entorno familiar son claves. Enseñamos cómo prevenir, detectar y actuar ante una posible úlcera. Porque la atención de calidad no es solo médica: también es humana.